Paula es una artista. De esas que viajan. De esas que simplemente, viven.

Nos conocemos desde hace un tiempo y tengo que decir que la admiro mucho y me fascinan sus viajes. Viaja sola y sin billete de vuelta, ahora mismo por la zona de Oriente Medio. Para seguir sus aventuras, síguela en @howimettravel. Ella es la que nos cuenta esto, y menuda experiencia.

RAMADÁN PARTE FÍSICA

Los días anteriores al Ramadán fueron una mezcla de emociones. La adrenalina de enfrentarte a un nuevo reto y la duda de si lo conseguirás o no.

Al-Waba Crater, Arabia Saudí

Esa adrenalina inicial puede ayudar los primeros días, pero después el ayuno comienza a ser un desafío. Pequeñas cosas como un trozo de chocolate, un vaso de agua o una manzana se convierten en enormes pérdidas. La cabeza empieza a doler por momentos, te sientes adormecida y echar un siesta desde el amanecer hasta el atardecer parece el plan perfecto. Los días parecen más largos de lo normal. Te intentas distraer con cualquier cosa para no sentir el hambre y la sed, que se apoderan de tu estómago y de tu mente.

Bote de pesca tradicional, Arabia Saudí

Durante la segunda semana, la cosa mejora. Te acostumbras a no comerte esa manzana por la mañana, a no beber ese vaso de agua después de venir andando del supermercado a cuarenta grados o al trozo de chocolate para la merienda. Pero ahora el problema es conseguir mantener la atención en cualquier tarea medianamente sencilla. Es complicado. La energía también es limitada.

A partir de la tercera semana, te perturba ver -a través de la pantalla del móvil- como la gente cocina y come brownies, tartas de zanahoria, asados, pizzas caseras a cualquier hora. El resto de la sociedad transcurre con normalidad. Y, es a partir de este momento, que empiezas a reflexionar: ¿recordaré después de esta experiencia que comer y beber es un regalo? ¿cuántas cosas en nuestra vida lo son y las damos por sentado?¿recordaré lo duro que es estar en algunos momentos sin un trozo de comida o sin un sorbo de agua? Pienso en aquellos que no tienen o no pueden tener el mismo tipo de vida que yo. Pienso esto, especialmente en un país como Arabia Saudí, lleno de riqueza.

Durante la última semana los niveles de atención vuelven a remontar y empieza a sentirse la adrenalina por llegar a la recta final y de sentir que casi lo has conseguido.

Cuando cruzas la línea de la meta, la sensación de poder volver a comer y beber cuando quieres es indescriptible. Y, durante todo un mes, cuando llegaba el atardecer y podías comer, esa manzana, ese chocolate y ese vaso de agua sabía al mejor que hubieras probado en tu vida. Y ahora entiendes que todo lo que necesitabas era comida. Entonces, Ramadán me recuerda que practique el agradecimiento por las pequeñas cosas que te hacen feliz.

Paula con sus amigos disfrutando del Iftar o comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario (nótese el entusiasmo en su cara)

La renuncia consciente a la comida, a la bebida y a ciertas costumbres te hace reflexionar. Te hace ser más humilde. Y esa es la esencia de la veneración que tienen los musulmanes hacia el mes del Ramadán. Y, para mí, ha sido una valiosa adición a mi experiencia vital.

RAMADAN PARTE MENTAL

Ramadán no es solo un mes de ayuno desde el amanecer hasta el atardecer, sino también un acto de meditación para liberal las culpas de la mente, para ser más espiritual. Un mes de oración y reflexión entre los musulmanes alrededor del mundo.

Personalmente, es el tercer Ramadán que lo paso viviendo en un país mayoritariamente musulmán. Pero es la primera vez que lo experimento, uniéndome así a muchos de mis amigos y conocidos musulmanes.

Mi motivo no ha sido religioso. Tiene que ver con empatizar, ser curiosa y ser compasiva con los demás. Tiene que ver con intentar comprender mejor la cultura y la religión de las personas con las que interactúas-para así completar también la tuya-. Con generar una predisposición mental, emocional y corporal ante nuevos retos que no casan con tu estilo de vida y que requieren un total compromiso. Y, también, intentar entender los valores del Ramadán, no solo desde la teoría sino también en la práctica.

Región de Asir, Arabia Saudí

Aprender que el auto-dominio requiere sacrificio, construir y practicar la calma interior como de abstenerse de comer y beber, aprender lo paciente que eres durante momentos difíciles, crear conciencia de lo que puedes controlar y cómo puedes controlar tus acciones, resistir la tentación y cómo aliviar esa tentación haciendo otras cosas, sentir la hambruna en vez de hablar sobre ella, aprender cómo encontrar confort ante situaciones que no estás acostumbrado a vivir, experimentar situaciones diferentes (extranjeras vs propias) para desarrollar la tolerancia.

Y todo esto, te lleva a acostumbrarte a esforzarte para mejorar como persona. A fin de cuentas, el crecimiento personal está influenciado por las diferentes experiencias vitales que vivimos. El Ramadán te obliga a pensar en una profunda apreciación de la vida. Te obliga a abrir tu mente y tu corazón. Y es hermoso, siempre y cuando se recuerde y se ponga en práctica el resto del año.

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