Mardin es un sueño de ciudad. Es un gran amor viajero propio y tengo claro que voy a volver para pasar una temporada. Eso sí, en verano a cincuenta grados seguro que no me veréis por allí.

¿Por dónde empezar?

Serán sus vistas a Mesopotamia, sus puestas de sol, sus calles de aldea dentro de la misma ciudad, su gente hospitalaria, su posición geográfica, su invierno agradable o cualquiera de las otras infinitas razones que cruzan mi mente.

Mardin

Mardin fue mi punto de partida y final – tenía que volver – en la ruta por la Turquía del Este. En este post os voy a hablar de la ciudad y de algunos lugares que podéis visitar en sus alrededores. Me he dejado mucho por hacer en la zona – en el tintero de los viajes -, cosa que es buena para cuando vuelva.

Zona nueva de Mardin – la moderna

Tengo que mencionar esta zona nueva porque estoy segura de que en algún momento vas a pasar por ella. Por ejemplo, si llegas a Mardin en avión – los vuelos internos en Turquía son muy baratos -, que sepas que tienes un autobús local en la puerta del aeropuerto que te va a dejar en la ciudad – tengo entendido que tanto en la nueva como en la antigua – en unos quince minutos y a un precio muy económico.

Delicias de Mardin

Esta zona nueva es realmente donde vive la mayoría de la gente. Negocios, empresas, bancos y supermercados se amontonan en las calles. Es, para que nos entendamos, una ciudad normal que poco tiene que ver con el ambiente de la zona antigua.

Los buses amarillos – más modernos de lo que me esperaba – pasan a cada rato para subir a la ciudad antigua. Para volver a bajar, puedes coger cualquier bus amarillo en el centro porque todos dan la vuelta para volver a bajar a la parte nueva.

Si algo puedo recomendarte en esta zona son las pastelerías Ildo, una auténtica delicia todas y cada una de las baklavas que producen. Te aconsejo que tengas ojo porque en cada casa te van a ofrecer dulces, por lo que quizá no quieres darle rienda suelta por tu cuenta también y no ser capaz de subir las cuestas de Mardin – esto se merecería casi un post – luego.

Hay opciones de hotel en ambas partes de la ciudad, claro que los de la zona antigua son más caros, pero te van a regalar una experiencia más auténtica.

Zona vieja de Mardin – la increíble

La puedo describir como una aldea tradicional mesopotámica asentada en una ciudad. Una auténtica joya histórica y el sueño viajero de muchos y muchas. Solo de imaginarme cruzando a Siria algún día desde aquí…

Por un lado, está la zona comercial y su calle estrella: un montón de tiendas de dulces y cafeterías encantadoras. Si la ciudad antigua de Mardin está en una montaña, esta es la zona central.

Dudu Store

La parte alta es una zona prohibida en la que está la OTAN y el ejército turco controlando la frontera Siria. Puedes acercarte hasta las vallas y disfrutar de las vistas, pero no juegues porque abren fuego a quien intente cruzar. Recomiendo encarecidamente no volar un dron por muy apetecible que parezca y, si lo haces, que sea desde la parte baja de la ciudad.

Conozco la historia de un viajero ucraniano estúpido que decidió probar suerte. Primero, casi lo matan. Segundo, lo mandaron a un campo de no sé qué en otra zona del país. Tercero, lo mandaron de vuelta a casa y a saber las consecuencias.

Mardin

La zona baja de Mardin es la más auténtica. Las miradas curiosas y alguna que otra cometa volando en el cielo. Los obreros transportando arena de un lugar a otro. La vida cotidiana que tanto me gusta. Las invitaciones a las casas, si es que se van a dar, suceden aquí sin ninguna duda.

Hay un montón de tiendas locales por las que he pasado varias veces. Dudu y Palmira Retro Store merecen una visita, también por conocer a sus encantadores dueños. Además, estoy segura de que en Palmira te ofrecerán un té si pasas por allí y les dedicas una buena sonrisa.

Aconsejo mucho pasear por el bazar y tomarse un buen café turco en los puestos locales. Busca las callejuelas de Mardin, son lo más bonito que te vas a llevar en la memoria.

Calles de Mardin

Te digo una cosa, no hay nada como un atardecer en la ciudad antigua de Mardin. A veces no me podía creer el tener Mesopotamia ante mis ojos. Es un sí o sí, no puedes irte de aquí sin disfrutar de este momento del día desde la parte alta de la ciudad.

Monasterio de Deyrulzafaran

Merece mucho la pena esta visita porque vas a aprender sobre la – atención que me ha costado un riñón encontrar la traducción al español de lo siguiente y todavía dudo de que sea correcta – iglesia ortodoxa siríaca. En mi caso, era la primera vez que conocía algo de esta rama de la religión y me pareció muy enriquecedor. Si tienes la oportunidad, te aconsejo asistir a una de sus celebraciones

Llegué a dedo – no recomiendo hacer autostop en Turquía si eres mujer y viajas sola – desde Mardin hasta la entrada a la carretera secundaria que te acerca al monasterio. Después caminé algunos kilómetros a través de un valle precioso. Para volver a Mardin tras la visita, tuve la suerte de salir con el camión que llevaba aceite de oliva para descargar en el mismo Deyrulzafaran.

Deyrulzafaran Monastery

Recorre todas y cada una de las partes del monasterio, pregunta en recepción si hay alguna persona disponible para que te cuenten más cosas sobre el lugar y cómete alguno de sus dulces típicos sirios acompañados de un buen vino local. El souvenir que me llevé fue un jabón natural fabricado – espero – en el monasterio y que creo que me durará mil duchas.

Lo que más me gustó de la visita fue la subida a la ciudad antigua en las montañas. Un pequeño trekking desde el monasterio del que no te vas a arrepentir. Disfruté mucho de las vistas y observar el monasterio desde la distancia.

Monasterio de Deyrulzafaran

Ciudad antigua de Dara

Esta ciudad, que me recuerda a mis días por Capadocia, fue muy importante durante el Imperio Romano de Oriente y en la Ruta de la Seda. Me parece una visita obligada si pasas unos días en Mardin. El acceso sin ser en autostip no se me ocurre, sorry.

Esta ciudad tiene muchos rincones y cosas que ver. Hay algún recinto muy diferenciado del resto, pero luego hay ruinas por muchos lugares a distancias caminables. Recuerdo visitar puentes romanos y depósitos de agua utilizados como cárceles en algún momento.

Explorar el recinto merece mucho la pena, más si esto acaba con una invitación a una boda kurda en la frontera con Siria a la que tuve el placer de asistir.

Y eso, que no puedo explicar con palabras la conexión que sentí con este lugar. Me refiero a Mardin. Justo se me acaba de venir a la mente algo que leí ayer y decía algo así como: siempre se vuelve a los lugares donde uno o una amó la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *