Se me ponen los pelos de punta al recordar lo que se me pasaba por la cabeza el día que renuncié a mi trabajo. Te aseguro que me emociona mucho, incluso un año después, recordar lo que sentía.

365 días.

Badshahi Mosque, Lahore

Me acuerdo perfectamente de la pasta al pesto que comí aquel día – nunca he puesto demasiado interés en la cocina – y el rato amargo de las últimas auto preguntas: ¿estás segura? ¿Ciao al sueldo? ¿qué dirán? ¿y si no sale bien? ¿y si vuelvo a los dos meses de empezar el viaje?

Pensé que me iba a desmayar antes de entrar a la sala de reuniones con mi jefa. Llevaba meses con esta frase marcada en el calendario: pide la cuenta. Habían sido un par de años de ir viendo, poco a poco, como me iba redirigiendo yo misma hasta este día.

Si sé que tengo los ovarios bien puestos, es por este día.

Lo dejé todo por los viajes. Un trabajo estable y aplaudido por la sociedad. Dejé una vida estupenda en Londres. Realmente me fui de Inglaterra cuando más habituada y cómoda estaba, ¿sería este el problema? ¿tanto cambio constante necesito en mi vida?

Necesitaba cambiar de etapa, pero sobre todo viajar largo.

Necesitaba dejar atrás la oficina. Buscaba aventura y poca estabilidad. Simplemente quería vivir al día y solo tener que preocuparme de donde iba a dormir esa noche. Londres se había convertido en mi vida, pero mi cuerpo pedía caos.

La idea no surgió en mi cabeza porque sí, llevaba ya un tiempo publicando mis viajes y veía que otra gente de la comunidad viajera lo había hecho. ¿Cómo lo hacen? ¿de qué trabajan? ¿no se cansan?

Madre mía, me voy a volver loca.

Preguntas que ahora tengo que responder yo.

Viajando en Pakistan

Volé a Galicia en junio de 2019 – antes del año de mierda que nos esperaba a todos –  dispuesta a pasar el verano de mi vida. Había ahorrado y me sentía con muchas ganas, pero tenía mucho vértigo a lo que venía. Tanto vértigo llegué a tener, que aparecieron miedos hasta el punto de llorar y sentir que nunca antes había viajado.

Recuerdo mi último viaje a Amsterdam, cenando con mi amiga Alba en aquel restaurante nepalí. Ella estaba más entusiasmada que yo con el viaje largo, Leti estaba muerta de miedo. Había un cuadro presidiendo nuestra mesa: una mujer nepalí sentada en cualquier rincón de su aldea, Alba aseguraba que me iba a acabar comiento cualquier cosa que esa señora me pusiese en el plato.

Y así fue durante meses. Me dejé llevar.

Atrás quedaban esos quince días de vacaciones semi organizados, para dar paso a la aventura de verdad.

Ya te adelanto que, incluso ahora, no hay un solo día en el que no me pregunte a mí misma si estoy haciendo lo correcto. Y me respondo rápido: lo correcto para mí, sí.

No hay duda.

Viajé cinco meses convirtiéndose estos en la experiencia más increíble de mi vida. Si antes me apasionaba viajar, ahora acababa de soltar todos los frenos. ¿Por qué tanta gente piensa en el viaje como vacaciones y no cómo aprendizaje importantísimo? ¿Por qué se valora tan poco? 

No hay carrera que me enseñe los valores que aprendo viajando.

¿Sabes qué es lo que me ha quedado claro después de todo?

Que no es tan difícil. Que hace falta coraje para ir en contra de una sociedad que solo acepta un estilo de vida, pero que luego en el terreno todo va saliendo. Hay muchísimas opciones y oportunidades por el mundo, he visto un montonazo de maneras distintas de financiar un viaje.

Pues, sobre la marcha.

Golden Temple, Amristar

A veces hay que arriesgarse y luchar. Creo que cuando quieres algo con todas tus fuerzas, de una manera u otra acaba apareciendo ante tus ojos. Llamémoslo casualidades, destino o cabezonería. Pero ahora mismo tengo mil proyectos en mente y todos apuntan a lo que más me gusta hacer en esta vida: aprender viajando.

Nos han vendido la moto, tenemos que convertirnos en “profesionales” de cierta carrera y dejar a un lado lo que somos ¿cuantísimos artistas viven en cuerpos de abogados? ¿cuantísima gente infeliz con sus vidas?

He vivido la infelicidad personificada trabajando cuatro años en el mundo corporativo, en serio. Poca gente está contenta sentada en una oficina, no es nuestra naturaleza humana por mucho que queramos encasillarnos en un escritorio.

Calles de Jerusalem

No sé quién eres, tú que me lees desde el otro lado de la pantalla. No sé tus circunstancias ni nada de ti, pero si te estás frenando en hacer algo, te digo una cosa: la vida es cortísima y siempre hay maneras de hacer que las cosas funcionen.

Lo damos todo por sentado, joder. E igual mañana ya no estamos aquí.

Siempre hay oportunidades y giros de tuerca, no podemos planear la vida. La vida da vueltas y muchas veces no las elegimos nosotros. Pues disfruta, y que venga lo que tenga que venir.

A mí me gusta decir que nos las apañaremos.

¡No te quedes con las ganas!

 

 

 

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Comentarios:

4 comentarios en “Reflexiones tras dejarlo todo e irme a viajar por el mundo – un año después


Ana
28 de septiembre de 2020

Ole, ole y ole! Me parece s muyyy valiente!

    Leti Lagarda
    28 de septiembre de 2020

    Me costó lo mío, pero sí. Valiente 🙂

28 de septiembre de 2020

Es increible cuántos miedos e inseguridades nos limitan e impiden ser ¡quienes queremos ser! Yo incluida.
Porque ser en algún momento un alma viajera, errante o trotamundos es liberador, y también incompresible para los que aferramos lo que conocemos.
Felidades por tu viaje, por tener ovarios para realizarlo y empezar a encontrar tú lugar en el mundo.
Besos linda!

    Leti Lagarda
    28 de septiembre de 2020

    Ya sabes que lo importante es echarle narices y luchar por lo que queremos. Tomar las decisiones que nos pida el cuerpo. Un beso muy grande desde Grecia, ¡besos!