Turquía del Este poco tiene que ver con la belleza indiscutible de Estambul o con los globos de colores de Capadocia. No vienes al Este a disfrutar de las ciudades bonitas y fotogénicas con rincones instagrameables.

Aquí Turquía es cultura, tradición y profundidad en un país. No es para todo el mundo, pero sí para el viajero o viajera que busca conocer Turquía a fondo y además siente una atracción especial por la mezcla cultural y lo desconocido.

Desde luego fue una muy buena idea volar a Mardin desde Estambul. Llevaba intentando mentalizarme durante días sobre esas más de treinta horas de infierno de autobús hasta que decidí cotillear los precios de los vuelos y me llevé la sorpresa del mes: vuelos a veinte euritos. Este precio se suele mantener y los vuelos son casi diarios, así que merece muchísimo la pena coger un avión y aterrizar en Mardin en poco más de una hora.

Mardin

Sobre el tema vuelos en general, hay que destacar que Turquía está plagada de aeropuertos con vuelos internos a muy buen precio. Puedes poner fin a la rura y plantarte en la otra punta en cualquier momento.

La ruta que propongo ha sido totalmente improvisada y no he seguido ningún mapa ni ruta ajena. Viajé con un chico turco al que conocí en Mardin y al que le gusta tanto viajar como a mí. Una gran suerte contar con él y su conocimiento sobre el país, un gran placer disfrutar del autostop que no me atrevería a hacer sola en Turquía.

He escuchado auténticas historias sexuales terroríficas – peticiones y dramas sexuales de todo tipo con desvío desde la carretera principal incluido – de mujeres haciendo autostop en este país. Mi experiencia ha sido inmejorable, pero viajé con un hombre y además turco.

Esta ruta arranca en la maravillosa ciudad que me conquistó desde el minuto uno. Se merece un post ella sola, con todo lo que podéis hacer en Mardin y sus alrededores. Con mucho cariño, estoy enamorada de esta ciudad. Además, visitando la ciudad de Mardin también tuve la oportunidad de asistir a una boda kurda.

Cogemos el típico bus que nos deja en la carretera de salida de la ciudad – lo suyo haciendo autostop – y ponemos rumbo a Diyarbakir, nuestra primera parada. En esta ciudad del interior pasamos el día caminando, aunque sin hacer noche. A pesar de que me gustó mucho la zona antigua y la gran mezquita – dicen por ahí que su construcción se inspiró en la gran mezquita de Damasco -, el ambiente estaba un poco tenso. Es una ciudad que ha tenido algún que otro problema terrorista en el pasado y la presencia policial es algo preocupante. Esa intuición viajera que te dice que por ahí no.

Bazar

Lo que os recomiendo mucho es probar el sahlep en los puestos callejeros – se puede encontrar en toda esta zona de Turquía por todas partes -, la leche turca cargada de canela y trozos de pistacho si tienes suerte.

A muy pocos kilómetros de Diyarbakir está el puente sobre el río Tigris, un lugar maravilloso para pasear y ver como las novias se sacan las fotos de boda más tradicionales – las novias kurdas son las que más me fascinan -. Me hechizó ver el río Tigris, tan importante por definir Mesopotamia y pasearse por ciudades como Baghdad.

Nuestra ruta sigue para llegar a la ciudad de Elazig, que me encantó conocer por mostrarme la Turquía del Este más real a pesar de no tener demasiado encanto. Si por lo que sea pasas por aquí, visita el castillo de la ciudad para disfrutar del paisaje. Merece mucho la pena visitar el lago Hazar que está a las afueras de la ciudad, tiene una pista de esquí muy cerca y unas montañas muy bonitas para caminar alrededor.

Siguiendo el tour gastronómico tengo que mencionar el famosísimo börek de Elazig. Es un pan que suele estar relleno de queso, carne o patata. Ideal para desayunar con uno más de los tropecientos tés que beberás – ojo con tu dentadura – en Turquía.

Salimos de Elazig para dirigirnos a Bingöl, esa ciudad a la que mi compañero de aventuras insistió en ir y reconoció a los cinco minutos de haber llegado que no había nada que hacer allí. Parada técnica y a seguir.

Vaya, vaya. Aparecen las montañas y la nieve.

Bazar

Llegamos a Tatvan para quedarnos cuatro días. El lago que vas a tener continuamente delante de tus ojos es el lago Van, ese que se puede cruzar en ferry. Disfruta de los paseos a sus orillas y no dejes de visitar el lago del cráter Nemrut a las afueras de la ciudad. Incluso aquí llegamos haciendo autostop, es increíblemente fácil en Turquía.

En toda esa zona de montaña que vas a conocer al visitar el cráter, vas a ver algunos pueblos de montaña que merece la pena visitar para conocer la vida de aldea en la montaña turca. Ojalá pudiese deciros el nombre del que visitamos, pero estaba tan ensimismada con la familia que nos acogió por unas horas, que no me acordé de apuntarlo después.

Preparados para dirigirnos a Van, alargamos el brazo en la carretera y disfrutamos de las increíbles vistas entre montañas y con el lago Van siempre a un lado. Llegamos a la ciudad y, bueno, tampoco era para tanto eh. Aparecen los carteles que indican Irán, estamos muy cerca de la frontera y hay un autobús que va desde Van hasta Tabriz con bastante frecuencia. Me muero de ganas de cruzar, pero no entra en mis planes en estos momentos.

La parada final y épica es la ciudad de Dogubayazit, de la que no te vas a aprender el nombre jamás, pero te vas a acordar siempre. Opino de la ciudad lo mismo que de las anteriores en cuanto a su escasa belleza en los edificios y las calles, pero las vistas al Monte Ararat no tienen precio. Esa montaña que es la más alta de Turquía y mucha gente la ha observado desde Armenia. Se supone que en este monte aparcó Noé el arca – revisa la Biblia por si es cierto y luego mira fotos en Google del lugar exacto si te parece un dato curioso -. A mí me encantó conocer este valle turco.

Ishak Pasha

Ahora sí, el plato fuerte de esta ruta es el precioso palacio de Ishak Pasha, que está muy cerca de la ciudad de Dogubayazit. Un palacio con arquitectura otomana e influencia armenia e iraní. Me parece imprescindible la visita, ya sea en verano o en invierno. El palacio es un de las cosas más bonitas que he visto y las montañas del valle que se ven todo a su alrededor quitan el aliento a cualquiera.

Decidimos poner fin a la ruta por las condiciones climáticas, estamos en Diciembre. Demasiado frío y demasiado duro hacer autostop en la nieve. Volvemos a Mardin pasando el lago Van por el lado del oeste y disfrutando de las carreteras de montaña que nos llevan hasta Batman. Una pequeña parada para comer y conseguimos parar a un camión de obra que nos acerca al punto de partida: Mardin.

A partir de aquí sigo ruta sola y en transporte público por diversas razones. Lo mucho que me aporta el viajar en solitario os lo resumo en este artículo.

El siguiente plan fue poner rumbo a la ciudad de Sanliurfa – o Urfa para los locales y viajeros que no retienen el turco – por la que tan pocos viajeros pasan. Aquí se supone que nacio el profeta Abraham y podréis conocer la cueva en la que nació, el estanque en el que tuvo lugar algún milagro y la mezquita dedicada a él.

Tuve un anfitrión que conocí a través de la plataforma couchsurfing que me regaló unos momentazos en la ciudad. Desde conocer al vicegobernador de la ciudad hasta hacerme un buena limpieza facial en su clínica estética. Pasan cosas muy simpáticas utilizando esta aplicación.

Mezquita de Abraham en Urfa

Si algo me ha fascinado de esta ciudad es su toque árabe. Me parece más Egipto que Turquía y hasta pensé en salir a la calle con el pañuelo en la cabeza. No es necesario, pero me sentía rara siendo de las poquísimas mujeres en llevar el pelo al descubierto.

El kebap de Urfa es muy famoso, te recomiendo comprar uno en cualquiera de los puestos del antiguo bazar. No te doy un nombre concreto, aunque fiarse de esos sitios en los que la fila sale por la puerta siempre hace pensar que son los mejores locales. Además, este antiguo bazar es de los más bonitos que he visto en Turquía. Y muy árabe, recalco.

Dejando atrás Urfa, mi siguiente y última parada es Gaziantep. Tengo que reconocer que vengo a esta ciudad por ser la capital gastronómica del país – o eso dicen, que yo en Turquía como que da gusto por todas las esquinas – y con especial mención a la baklava.

Aquí termina mi ruta por el Este de Turquía, todo un viajazo de aventura. Pongo rumbo a la costa Mediterránea.

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Comentarios:

2 comentarios en “Ruta por la Turquía del Este


Rudillo
5 de enero de 2021

Vaya Leticia. Que bien lo explicas y que envidia y ganas de volver a coger la mochila sin más plan que el billete de ida. Gracias por compartir y gracias por mantenerte en ese sueño constante de que el mejor plan es no tener plan. Ánimo y sigue disfrutando!

    Leti Lagarda
    7 de enero de 2021

    Muchas gracias y ojalá cojas esa mochila pronto. El mejor plan por el momento es vivir sin planes y dejarse llevar, y veremos luego. Te mando un abrazo enorme desde Turquía.